"Para que los chicos sordos puedan conocer los relatos clásicos, un grupo de mujeres mayores graba videolibros en lengua de señas. El objetivo es promover la lectura".
Cuando era chica, Rita hojeaba los libros que había en su casa y no entendía nada. ¿Por qué se despertaba la Bella Durmiente? ¿Por qué la abuela de Caperucita le abría la puerta al lobo? Rita miraba los dibujos pero su papá y su mamá no sabían cómo contarle esos cuentos:como en el 95% de los casos, ella era sorda pero sus papás eran oyentes y no conocían la lengua de señas. Para que historias como la de Rita no se repitan, y los niños sordos puedan conocer los relatos con los que crecen la mayoría de los chicos, la asociación civil Canales impulsó un proyecto de videolibros. Un grupo de mujeres mayores sordas, casi todas ellas abuelas, participaron de la grabación de cuatro videos en los que leyeron y comentaron cuentos clásicos ...
en lengua de señas.
“La mayoría de los chicos sordos tienen abuelos oyentes que nunca les leyeron un cuento. Los videolibros permiten que un chico sordo reciba por primera vez un cuento de un abuelo sordo”, explica Silvana Veinberg, directora de Canales.
Más allá de los efectos emocionales, el proyecto apunta a la promoción de la lectura: según cifras de la Confederación Argentina de Sordomudos, el 80% de los sordos son analfabetos funcionales, es decir, no comprenden lo que leen. “En general les cuesta mucho leer y escribir, porque los padres y maestros no manejan la lengua de señas más allá de algunas expresiones básicas”, sostiene Silvana. Por eso, el proyecto de los videolibros apunta a “saltar las barreras de la incomunicación y la exclusión lingüística”.
“ Cuando era chica nunca me contaron un cuento. Mi mamá no sabía qué hacer conmigo; solo sabía unas pocas señas”, cuenta Hilda Croci (74), una de las abuelas que participaron de la filmación, que además es presidenta de la Casa Hogar – Asociación Argentina de Sordomudas.
“Creo que este proyecto puede ayudar a los chicos sordos, y puede servir para motivar a los padres de esos chicos, estimularlos para que se interesen por aprender la lengua de señas”, agrega en diálogo conClarín Educación, gracias a la mediación de Pablo Baldrich, intérprete de lengua de señas argentina (LSA).
La experiencia de Celia Salas (80) fue diferente: ella contó con el apoyo crucial de su mamá, que aprendió la lengua de señas. “Yo necesitaba aprender a leer como el resto de los chicos. Gracias a mi familia, que me fue ayudando, pude aprender. Ellos me enseñaron a leer con mucho esfuerzo. Pero desgraciadamente, muchos chicos crecen sin tener ninguna contención en sus familias ”.